Por leer que no quede…

El metro me ha soplado al oido que no se trata tanto de que quiero leer sino que es lo que puedo leer. Al final como todo en esta vida la lectura también está condicionada por miles de circunstancias. Además las editoriales no suelen tener piedad de los lectores. No de la gente, sino de los lectores. Existen personas que leen y otras que se someten a la lectura. Algo asi como especie de ayuda psicológica que suele terminar en una incómoda diarrea de pensamientos turbios… pero bueno, no todos quieren “secar su cerebro” con páginas llenas de rebajas oportunistas. Hace meses que leo libros que no sé que hacer con ellos. Menos mal que el abrigo que llevo tiene unos bolsillos prominentes donde cabe de todo, son casi como los de don Pimpom. Pero aun siendo profundos de vez en cuando hay que hacer limpia del equipaje que uno lleva y entonces descubres que has dedicado tiempo y neuronas a libros abusones y pendencieros, que durante horas te tomaron el pelo… sobre todo me preocupa que Cronos me pueda abroncar el día de mañana, o que Lope de Vega, cada vez que me vea, me diga con disimulado enfado “no espabilas, desgraciado!”.

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