Amistad escondida

Por conocidos campos con un viejo amigo caminaba
en sueños, cuando llegamos de pronto a un extraño
   riachuelo.

Sus oscuras aguas manaban brillantes
desde el corazón de la gran montaña hacia la luz.
Fluían un breve tramo bajo el sol, para luego
sumergirse otra vez en un foso, tan negras otra vez
como en su nacimiento; y me paré a pensar allí
en lo blancas que serían, si el día reluciera en ellas,
enroscándose y palpitando. Me cautivaron
tanto el rugido y el siseo y el poderoso vaivén del abismo
que me olvidé de mi amigo
y ni lo vi, ni lo busqué hasta el final,
cuando desperté de las aguas a los hombres
diciendo: «volveré aquí algún día».

Edward Thomas, Un sueño

amistad

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