La belleza inoportuna

Viajé a una lejana ciudad
para ver un cuadro que me fascinaba,
fui a ver lo que tantas veces había admirado
sólo en fotografía. Cogí el avión y me fui.
Y, al fin, contemplé el cuadro magnífico,
su pincelada genial, su arte sublime.
Pero permanecí poco tiempo ante la obra maestra.
No podía concentrarme,
una sensual taquicardia me enervaba
y no podía apreciar del maravilloso cuadro su belleza.
La apasionante ciudad llena de vida
con sus calles, con sus tentaciones, con sus alegrías,
me tiraba como una hermosa mujer de la chaqueta.
Y al salir del museo encontré la belleza.

Ramón Eder, Nápoles

napoles

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