Noche de autos

Te temo desde esa noche.
Sufrí con solo tres frases:
“Quiero bailar reggaeton”
y mi estómago se encogió
al tamaño de una canica.

Luego, empapada en cerveza:
“Anda a tocarle a tu zorra”,
se lo dijiste al dominicano,
con músculos perfilados
en cien gimnasios.
Y lo reafirmaste tajante
con un guantazo.

Yo, entonces, quería ser
acariciador de cocodrilos,
domador de escorpiones,
lejos del dominicano,
lejos de allí.

De camino al taxi,
dijiste la tercera frase,
que, desde entonces,
no me deja dormir:
“Me he divertido.
Tenemos que repetirlo”

fumi

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