Nuestros demonios

Sigilosos y en multitud,
se mueven en círculos
cada vez más profundos,
más al acecho.
Nos ponen de rodillas cada noche
para recordarnos de que estamos hechos:
avaricia
voluptuosidad
mentira
sensualidad
y un poco de amor.

En las noches
nos revientan los oídos
con sus sabios y falaces consejos.
Nos hacen peores de lo que ya somos.
Porque nos conocen.
Eran como nosotros.

Nuestros demonios
flagelan nuestras conciencias podridas
hasta llenarnos de temor a la muerte.

No te engañes más.
Serás juzgado en esta vida,
tú serás juez y parte,
implacable y lamentable,
y detrás de la muerte encontrarás
un monumento a tu mediocridad.

Acuérdate entonces
de lo que susurraban
nuestros demonios:
“Solo eres un grumo de sueños
y un poco de amor”.

salgado1

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